REVISTA JURÍDICA DEL ILUSTRE COLEGIO NOTARIAL DE LAS ISLAS BALEARES
• 23-01-2018 16:32 pm •
"La lealtad es una virtud que está bien en todo hombre y señaladamente en los Escribanos"
(Partidas, 3ª-XIX-Proemio)

A DESFACHATEZ INTELECTUAL.


Ignacio Sánchez-Cuenca. Libros de la Catarata, 2016.

Guarda, en cierto modo, alguna relación con el libro anterior, aunque en modo alguno tiene la sustancia de este. Sánchez-Cuenca, también politólogo, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, viene a ocuparse de la falta de rigor con la que determinados intelectuales, fundamentalmente literatos ( escritores, los llama) se ocupan de los problemas públicos.


El profesor Gómez-Cuenca localiza en nuestra esfera pública, sobre todo en el ámbito de los medios de comunicación, y en la opinión sobre los asuntos públicos, la infección de lo que el sociólogo Diego Gambetta, de quien toma la idea, ha llamado "machismo discursivo". El machismo discursivo se caracterizaría por la utilización de afirmaciones tajantes y absolutas, sin matiz y partiendo de una concepción monolítica de la realidad, que no deja espacio a la revisión crítica de los propios argumentos y concibe el debate desde un punto de vista agónico, de lucha pugilística y en el que el objetivo no es alcanzar una certeza o convicción compartida, sino ganar al adversario, llevar la razón. Fundamentalmente esta es la tesis del ibro, que después se ilustra con multitud de ejemplos de tal tipo de discurso, centrándose en una serie de personajes de la vida pública española que vendrían a conformar una suerte de establishment cultural que bautiza el autor como "cultura de amiguetes", y que monopolizan el espacio deliberativo de nuestro país. Cierto es, muchos de los ejemplos que cita resultan ser incontestables, y son muestras de una cierta "enfermedad" nacional, seguramente no exclusiva de España, cual es la de la opinología. Pues cierto es que la mayor parte de los formadores de opinión de nuestro país, y que pueblan radios, televisiones y publicaciones escritas en cualquier soporte generalmente carecen de conocimientos acerca de lo que hablan y recurren con demasiada frecuencia al lugar común, a las invocaciones de los principios y a los paralelismos históricos y a efectistas muestras de erudición. Sin embargo, en ocasiones el autor se equivoca, pues para expresar una opinión en el debate público no es preciso ser un experto o investigador, pues las perspectivas desde las que puede adoptarse un mismo fenómeno son muy variadas y no todas de índole técnica. Si esto fuere así, sobre los sistemas de ejecución hipotecaria y la crisis de los desahucios solo podría hablar un notario o un registrador, como indiscutibles conocedores de la cuestión; y así sucesivamente. En este sentido parece especialmente injusta la crítica a Antonio Muñoz Molina por su análisis de la crisis múltiple por la que atraviesa nuestro país en su libro Todo lo que era sólido, que es un acercamiento al tema desde una perspectiva más bien moral y no necesariamente con aspiraciones de rigor técnico o científico.


En fin el libro destila también un cierto poso de ajuste de cuentas con determinados sujetos y partidos políticos, con especial atención a los términos en que se desarrolla la crítica de los "machos discursivos" al nacionalismo y al terrorismo etarra, partiendo asimismo de la evolución ideológica de aquéllos. Y con menos dureza, pero con el mismo poso crítico, las ideas y discursos que se han venido en llamar "regeneracionistas"


En fin el libro no aporta nada que cualquier consumidor habitual de medios de comunicación no haya constatado, y es la falta de fundamento teórico y aún de conocimiento de los más básicos rudimentos de las cuestiones tratadas en dichos medios. Muchos ejemplos de lo anterior, si. Y bastante mala leche, también.


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